Esta tarde he visto el partido entre el
Cádiz y el
Real Madrid. Final de consolación del
Trofeo Carranza y mi dosis diaria de este deporte que ameniza mi vida.
Cosas ya habituales en este deporte, no ganó quien mayor número de méritos contrajo para ello, pero es lo que hay. Vamos, que se lo llevó un
Real Madrid de
Schuster que por juego y espectáculo no dista tanto del de
Capello.
El resultado final fue de 1-3. Se adelantaron los blancos merced a un penalty al siempre pícaro
Saviola. Para mi algo riguroso, fue finalmente transformado por
Soldado, un interesenate jugador al que parece que de nuevo se le pueden estar cerrando las puertas. Una lástima.
Empataba el
Cádiz por medio de
Enrique ya en la segunda mitad. Sin embargo
Schuster guardaba un as en la manga, el mismo que tan buenos resultados le dio a
Fabio Capello: encomendarse a
Van Nistelrooy. Ayer no tuvo ocasión de hacerlo, pero hoy el centrodelantero holandés si marcó y puso por delante a su equipo 1-2. Un tanto que el
Cádiz pudo evitar o cuanto menos defender mejor. Dejó a un defensa bajo palos habilitando así un cómodo remate a bocajarro del 17 madridista.
Siguieron peleando los locales y el partido, ante el empuje cadista, empezó a escparse de las manos del árbitro.
Pepe -un jugador que se excede demasiado en la contundencia de muchas de sus acciones-
no fue ni siquiera amonestado -hubiese sido lo mínimo-
después de escupir a un jugador amarillo.
30 millones para que después acabe destacando por esos feos gestos...que por otra parte creo que se deberían denunciar. La prensa madrileña no lo hará, lo tapará sin más. Habría que recordarles la camapaña que hicieron contra
Eto'o por un episodio similar con el defensa del
Athletic Expósito... Una memoria muy selectiva tienen.
Y a pesar de todo, el
Cádiz del ex técnico blanco
García Remón lo seguía intentando.
Bravo
Cádiz, ¡ese es el espíritu del fútbol! Creaban cierto peligro ante la meta de un inseguro
Dudek -¡cuánto daño hizo el gol de
Caffa anoche!- hasta que
llega la otra jugada fea del partido. Medina agrede a Pepe (manda huevos, lo que faltaba) y el brasileño, que tela lo que reparte -como diría
Andrés Montes,
estopa mix- cae al suelo. ¿El cazador cazado?
En estas, un
Diarra desdibujado futbolísticamente hablando, interviene. No para calmar ánimos, desde luego. Lo hace acelerado, con cierta violencia y con una agresividad intolerables. No es que
Medina se haya quedado de brazos cruzados, pero el jugador de
Mali estaba hecho una fiera, fuera de sí. Vamos, que mejor no cruzarse en su camino, porque daba hasta miedo.
Comportamientos como el del ex del Lyon son inconcebibles. Alguien se lo tiene que dejar bien claro y si el club decidiera sancionarle, yo el primero en aplaudir la decisión, pues la vería como la más correcta -y valiente- del mundo.
Hay que decirle al señor Diarra que se le contrata para jugar a fútbol -a ver cuando lo hace de verdad pensarán algunos aficionados blancos-
y no a la lucha libre. No se puede permitir manchar este deporte que tanto amamos con reacciones como estas.
Ensucian además, un torneo de prestigio como el
Carranza y se convierten en un triste espectáculo para la afición local, una de las mejores de nuestro país.
Como anécdota, el tercer gol blanco a cargo de Balboa, eso sí, de rebote. ¿De qué otra forma iba a meter sino un gol el canterano? Y encima el árbitro añade 6 minutos...
Los jugadores se han retirado entre silbidos y abucheos de un público que bien se debía estar planteando la misma pregunta que yo al ver lo que estaban viendo. ¿Pero no les da vergüenza?
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