Me empieza a mosquear este asunto. Cada vez es más frecuente leer que los futbolistas, en este caso del Barcelona, pasan más horas en el gimnasio que en el campo de entrenamiento. Está claro, siempre y cuando no sufran esas repentinas fiebres que acostumbran a aparecer después de un mal partido. Si, mi planteamiento resulta algo suspicaz, pero en estos momentos, ¿quien piensa lo contrario?
En defensa de estos futbolistas habrá quien, sin ir más lejos diga que esto mismo sucedía la pasada campaña, y el equipo acabó llevándose con cierta holgura el campeonato de liga y la Champions. De acuerdo, es muy posible y seguramente entonces como los resultados acompañaban, no se prestaba atención al asunto.
Pero ahora la situación es bien distinta. El equipo
sigue líder pero con la sensación en sus aficionados que está caminando sobre el alambre, obligado a constantes equilibrios para mantenerse, demasiados.
Y lo más preocupante, y ahí es donde quiero llegar con este artículo, es
la imagen que dan los jugadores. Parece que lo tengan bajo control y que sólo vayan a pisar el acelerador cuando sea necesario.
Se transmite
una autosuficiencia que no hace otra cosa que crear desconfianza vistos ciertos precedentes no muy lejanos en el tiempo. Sí, aquellos a los que llamaban galácticos...
Es por eso que no estaría de más, ahora que nos encontramos en el tramo decisivo de la campaña, cerrar una temporadita el gimnasio. Por el bien del equipo, mejor que así sea.
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