Volvió Beckham. Pedazo de titular. Regresó el
spice boy a una convocatoria de Fabio Capello y lo hizo con un gol providencial para salvarle la cabeza -de momento- al técnico italiano, el mismo que semanas atrás lo sentenciaba anunciando su final como jugador blanco.
El que antaño fuera un auténtico sargento de hierro, con la disciplina por bandera "rectificó" ayer su decisión de apartar al centrocampista inglés, cediendo así a presiones de todos aquellos, incluídos los capitanes, que no entendían qué hacía
Becks encerrado en esa "vitrina de cristal" del Bernabéu, cuando el equipo perdía 0-1 ante el Levante y seguía poniendo en bandeja la liga a sus adversarios. Afortunadamente para los intereses blancos, parece que ahora mismo esta liga no la quiere nadie...
A Capello le salió bien la jugada, pues el tanto de falta de Beckham supuso la reacción del equipo anoche ante una voluntariosa pero inofensiva Real Sociedad que había conseguido adelantarse en el marcador. Le salió bien porque finalmente sumó tres puntos, siempre vitales para un entrenador cuyo futuro es incierto. Las vueltas que da la vida: un jugador que descartas te acaba salvando la cabeza.
Capello supera la gran reválida y sigue, pero lo hace habiéndole ganado Beckham quien sabe si la primera de sus batallas de aquí a final de temporada. El italiano se lo tuvo que comer -
ñam ñam- y lo peor para él y para su orgullo vendrá cada vez que alguien se lo recuerde.
Pero Fabio no fue el único que se comió algo en el Real Sociedad-Real Madrid de anoche. El portero del equipo donostiarra, el chileno Bravo no se hizo merecedor con su actuación de su apellido y fue todo un amigo para el Madrid, que tuvo en él a su mayor aliado. Se comió él primer gol en un imperdonable error al tratar de atajar el disparo de falta de Beckham y no debió de quedar del todo satisfecho pues repitió en el segundo, al no blocar un centro que acabó remachando Van Nistelrooy para convertir el 1-2 definitivo.
Incluso su homólogo madridista, el
casi infalible Casillas -para algunos elevado a los altares como San Iker- no tuvo su mejor noche y una imprecisión suya facilitó el tanto realista de Aranburu.
Y para colmo, el árbitro, Rodríguez Santiago, que perdonó la expulsión a Fabio Cannavaro. Vamos, que se la comió. Lo dicho: ñam ñam
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