Los silbidos de un sector de la afición barcelonista a sus jugadores -y en un momento dado a su técnico también- fueron una de las notas destacadas en la triste jornada de ayer. Triste porque nadie fue capaz de ofrecer algo con qué alegrarnos. Y es que ya hasta el recién recuperado liderato del Barcelona no le permite al equipo de Rijkaard tapar sus vergüenzas. Y eso que es campeón de invierno...
Música de viento ayer en el Camp Nou. Seguramente desde la época negra bajo el mandato de Joan Gaspart no se producía una reacción de esta índole. Aunque es de justícia reconocer que las situaciones son totalmente opuestas.
Ahora los silbidos no son generalizados e imagino que a la que el equipo recupere a sus ilustres lesionados -entiéndase Samuel Eto'o, Leo Messi- y encadene 2 o 3 victorias, pasaran rápidamente al olvido y se tornarán en aplausos.
Como consuelo siempre le queda al aficionado culé el hecho de que hasta jugando mal, golean y se proclaman campeones de invierno. Todo un lujo. A quienes piensen que el rival era asequible habría que recordarles la "entidad" de Mallorca, Betis, Deportivo o Villarreal, equipos ni siquiera clasificados entre los 10 primeros y que han ocasionado bastantes problemas tanto a Real Madrid como a Sevilla, los otros más firmes candidatos al título de liga.
Habrá jugadores que no entenderán como te puede pitar tu propia afición en tu estadio ganando 3-0, recuperando el liderato y proclamándote campeón de invierno.
La respuesta del aficionado, sencilla: eso era lo mínimo que se le puede y debe exigir al campeón de las dos últimas ligas y de la pasada Champions League. Y razón no les falta.
Sin embargo, yo pediría al aficionado barcelonista un poquito de paciencia. Las copas no se pueden querer levantar en el mes de enero. Para ello, hay que esperar, a mayo y junio. Es entonces cuando hay que pasar cuentas.
Todos los equipos pasan a lo largo de un año, malas rachas de juego. El Barcelona incluído. ¿Es que alguien pensaba lo contrario?
Es imposible jugar y exhibirse en 60 partidos o más que disputan estos equipos en un año. Yo lo que valoraría en estas circunstancias, es el haber podido sacar los tres puntos y seguir en la pelea, con todas las opciones.
Ya llegará la fase decisiva, aquellos 10 últimos partidos que una vez comentaba Luis Aragonés, en los que uno se jugaba el ser o no ser campeón.
La afición es quien mejor conoce a su equipo y por cómo viene jugando, sabe qué se le puede exigir y en qué medida. No hay que caer en un exceso de prepotencia y, "como somos los mejores", vamos a pasar por encima de todos los rivales con comodidad. No hay que creerse eso, pues es peligroso y un auténtico error.
Los rivales también juegan, por mucho que se llamen Nàstic y sean los colistas de la liga. Eso es lo que no siempre sabe apreciar el aficionado -cosa de la que no quisiera tampoco culparle- y que yo, desde mi humilde opinión, le aconsejaría tener en cuenta. Exigentes sí, pero no en exceso.
La solución a todo esto, no es difícil. Una victoria este miércoles en el Ruiz de Lopera ante el Betis y el liderato en solitario, de bien seguro calmarían definitivamente al culé.
Para mi, esa es la clave. Aunque no esten jugando bien, el hecho de estar primeros, pero empatados con Sevilla y especialmente con Real Madrid, no deja dormir muy tranquilos a algunos aficionados barcelonistas. Los de Capello juegan infinitamente peor, pero están ahí.
A pesar de todo, en el fondo, tengo el convencimiento que estos silbidos tienen próxima su fecha de caducidad y que darán paso muy pronto a los aplausos entre el respetable barcelonista. Se acercan los partidos más importantes de la temporada con el regreso de la Champions en su fase de octavos de final y los jugadores seguro que están muy mentalizados para ello. Si, se les exigirá más y no será fácil, pero ellos estarán más motivados y con más ganas de agradar. Que a nadie se le olvide.
Mientras todo eso llega, y con un partido tan y tan cercano en el horizonte blaugrana, lo mejor que se puede hacer es olvidar lo sucedido ayer y tratar de no dar más motivos para que se repita. Que pronto, tanto jugadores, como cuerpo técnico y aficionados, puedan hablar de aquellos silbidos en el Camp Nou, como una anécdota más de la temporada 2006/07